Columna Lic. Albareda – “Siempre se le encuentra la vuelta”

Hoy se habla de todos los que se han ido a vivir al exterior y la imposibilidad de poder verlos personalmente.

Pero esto de irse a vivir al extranjero lo decidieron, hace tiempo, personas que son mi propia mitad, quedando distantes a medio día de viaje en un caso y casi dos días y varias escalas en el otro.
En mi presente podía trasladarme, e incluso, quedarme por largo tiempo, ya que en ambas casas soy bienvenida. De hecho, ya tenía comprados los billetes para cruzar el Pacífico y a fin de año, ir hacia el norte. Y, en el caso que ocurriera algún acontecimiento muy serio en el mientras tanto, la frase omnipotente y salvadora era: “Total, me tomo un avión y listo”. “Siempre se le encuentra la vuelta”.

Tan lejos…tan cerca

Hasta que un día nos levantamos en medio de un twister llamado pandemia, un desastre universal, tan presente como invisible, tan desconocido como amenazante, tan horrible que nos impide el abrazo, la mano en el hombro, el beso, lo elemental para poder seguir sintiendo como personas. Y terminamos tapándonos, alejándonos del otro.

Los adultos mayores con patologías previas debimos recluirnos con todas las restricciones. Los jóvenes no podían acercarse…por las dudas. Nadie sabe quién tiene el cuchillo del virus bajo el poncho y te lo clava…sin intención, claro.

Un horror.

Los proyectos para el 2020 cayéndose a pedazos, las inversiones jaqueadas, la educación escolar convertida en instrucción a través de pantallas, los padres como maestros, los docentes desquiciados. Antes, los grupos familiares se oxigenaban compartiendo otros espacios: los chicos: la escuela, el campo de deportes, el micro escolar, los adultos: el trabajo, un café, un rato en el super o en la peluquería o una pasadita por la casa de los viejos… y de un día para otro, las calles quedaron desiertas, sin ruido; ahora sobra aire afuera y, a veces, falta aire dentro de la casa.

Inventando espacios. Reconociendo espacios. Esta casa de cuarentena ¿es la misma de febrero? ¿Se achicó? Todo está ocupado.
Todo suena al mismo tiempo: voces, ruidos de cocina, bloques de Legos, espadas de plástico, músicas para coreografías, escenografías para Tik Tok, no hay lugar para tanta computadora con los ZOOM, a la misma hora y durante todo el día.

Frases escuchadas, ahora reforzadas:

  • “Cortá con la compu, ahora la necesito yo”.
  • “¡Basta de Play, ya llevan cuatro horas!”
  • “Hagan silencio que tengo home working con el Aeropuerto”
  • “¿Otra vez la cena? ¿Otra vez hora de dormir?
  • ¡Mi vida, dónde está mi vida! (Esta es tu vida, mi vida, la de todos)

Otra realidad, de un día para otro y sin preparación. Los aeronáuticos conocen el valor de las prácticas en Simulador o el valor del training en el lugar de trabajo, pero el Covid nos cubrió como una negra nube sin habernos permitido prepararnos en nada.

Mi caso es una muestra. Era el momento preciso para escribir sobre conflicto, estrés, desborde emocional, etc… y no lograba unir dos ideas. Y emocionalmente me llegaba lo que jamás hubiera imaginado o querido: el cierre de aeropuertos, la cancelación de vuelos. Ahora sí quedaba totalmente desvinculada de mis seres queridos y lejanos.

Desde mi departamento veo la final de Aeroparque; ahora podía estar horas mirando por la ventana que el cielo del Este no mostraría las lucecitas titilantes de los aviones. Entonces, consideré llegado el momento de relajarme, pensar en que nada malo iba a ocurrir y me convencí que todo pasaría como un mal sueño.

El portazo en la cara

Pero lo que NO DEBÍA ocurrir, sucedió. Un familiar muy cercano se enferma gravemente en Bs.As. y Pedro Dynamo, uno de mis “familiares exiliados” debe venir. Viajar en avión en este momento. ¡Si no hay vuelos! Me piden que pregunte “a los Controladores de EZE” a ver qué saben. Respondo que ese no es su tema. (Me doy cuenta que mi familia tiene una percepción muy particular, algo así como la fuente del saber aeronáutico). ¿A dónde recurrir?

Alguien tiene que saber algo. Y cargando angustia, gestionando la angustia, se va despejando la situación. Las horas cuentan, pero no a favor. Y es así como se arma el camino, a través de un Consulado y de la bendita Aerolíneas Argentinas, ahí, al pie del cañón, con un pasaje de repatriación, en un vuelo que partía hacia Bs.As. en horas. El drama y la alegría. La ferocidad de la enfermedad y la paz de llegar a una anhelada reunión de encuentro.

La mochila

Y Pedro Dynamo armó una mochila chica, representante de lo esencial, de la supervivencia; no es la maleta para las compras del free shop y la ropa de más, “por las dudas”. Esa mochila es la muestra de la adaptación, del desapego de la frivolidad, de su posibilidad de adaptarse. De surfear sobre los problemas. Quien viajó tiene mucha experiencia en viajes, ciudades, maleta grande y la mediana… sólo que en ese momento cargaba sólo los dos pasaportes, el boarding de Aerolíneas Argentinas y su pequeña mochila. No necesitaba nada más. No eran momentos de discusiones, de improperios, de desajustes emocionales, sólo acudir a lo imprevisto que jugaba entre la vida y la muerte. El silencio del llanto contenido frente a la acción.
El avión

Al avión se sube con alegría, exultante, con expectativas, feliz del asiento conseguido, con la ansiedad de un nuevo viaje. Pedro, en cambio, subió con gesto reservado, rodeado de silencio, y se sentó en la fila de cuatro asientos, solo. Todos separados. Sin murmullos.
Freud y los aviones

Cuando vemos al avión en la pista, imponente en su porte queda clara la representación del símbolo fálico, de la fuerza, de la capacidad para perforar el aire y dominar el espacio, poderoso. Pero, al terminar la manga y dar el primer paso de ingreso al avión, sentimos que se constituye, por el contrario, en un útero, cálido, envolvente, protector, que conforta, y una voz suave pregunta ¿Necesita algo?

Con las tenues luces azules de cabina y el sonido monótono de las turbinas, Pedro Dynamo se durmió, agotado. Pero había resuelto un primer problema. Llegó a Bs.As., estuvo donde su corazón le pedía, acompañó y luego regresó.

La vuelta de tuerca

De esta historia, real, saco conclusiones. Que a los problemas se los afronta con creatividad. Que soy yo y mis circunstancias. Eso es lo inevitable. Pero puedo modificarlas, esa es mi responsabilidad. Que debo reconocer sobre cuáles puedo accionar, sobre cuáles no. (“No libres batallas que no son tuyas”)

¿Busco culpables? ¿Busco responsables? Que no debo estar tan reactiva, tengo que escucharme cuando hablo o me quejo, porque una palabra lleva a la otra como en el efecto catarata y luego es difícil cerrar la compuerta. Que debo aceptar que estoy fuera de la habitualidad, pero los demás también.
Tan cerca…tan lejos

Pedro Dynamo ya regresó. Con un dolor, pero con la alegría de haber descubierto el camino, habiendo encontrado el pasaje cuando no lo había, no dándose por vencido. Tuvo que vencer varios obstáculos, desconocidos. Pero lo logró. Yo misma logré terminar esta Columna después de pelearme semanas con ella, angustiada, desmotivada.

Todos, absolutamente todos estamos afrontando pequeños (o no) dramas personales.

¿Y si nos transformamos en titanes del desafío, en pequeños héroes y heroínas de la vida?                                                                              

Lic. María del Carmen ALBAREDA 
Psicóloga 
mdelcalbareda@yahoo.com.ar