Liderazgo y EDSO ¿what’s up?

Aunque existen numerosas definiciones del término liderazgo, podemos convenir que involucra un proceso de influencia social mediante el cual una persona dirige o facilita a los miembros de un grupo hacia un objetivo común. El liderazgo es el más importante de todos los factores que influyen en el trabajo en equipo. Hay muchos casos en la literatura de aviación de accidentes en los que el liderazgo del capitán fue un factor contribuyente significativo.

A lo largo del tiempo, las teorías sobre el concepto de liderazgo afirmaban que se trataba de una capacidad innata de las personas, es decir, que se nacía siendo líder. Sin embargo, las investigaciones han ido evolucionando con el tiempo y, en la actualidad, ratifican que el líder no nace, sino que se hace. De ahí la importancia de considerar que todo líder comienza su liderazgo, cuando se conoce así mismo e identifica sus talentos, conocimientos, habilidades y actitudes y los logra potencializar en su desarrollo personal y profesional. Aquel líder que se conoce a sí mismo genera confianza y empatía a su grupo de seguidores y a su propia organización.

Nuestro código genético nos ha programado desde el origen con un eficaz y poderoso sistema de incentivos que nos recompensa por mantenernos vivos, no solo en lo personal, sino a los que nos rodean, cuidándonos con sustancias químicas que nos aportan bienestar cuando actuamos alineados con este objetivo fundamental: La supervivencia. Luego de miles de años de evolución como especie, somos completa y absolutamente dependientes de esta química que ya es una parte esencial de nuestras vidas, no al modo que entendía la química nuestro amigo de Albuquerque, Nuevo México, un tal Heisenberg en Breaking Bad. No, así no, de otra forma y más sano obviamente.

De todas las hormonas y neurotransmisores que existen, hay cuatro elementos básicos que contribuyen decisivamente a nuestros sentimientos positivos y que genéricamente llamamos ‘felicidad’: endorfinas, dopamina, serotonina y oxitocina (EDSO). 

Cuando experimentamos una sensación de satisfacción o de alegría, seguramente una o varias de estas hormonas estarán circulando por nuestro torrente sanguíneo aunque, en realidad, no existen para hacernos sentir bien, sino que cada una de ellas contribuye a otro propósito mucho más práctico, vital y básico del ser humano: la supervivencia de la especie.

Cuando nuestros ancestros prehistóricos tenía que salir a cazar para poder comer (no se planteaban ser vegetariano, vegano, lacto-ovo-vegetariano, lacto-vegetariano, ovo-vegetariano, pesco-vegetariano,  frutarianismo, naturista, etc. solo se trataba de morfar), si no cazaba no comía,  sino comía se moría y si sucedía esto el resultado era desaparecer como especie. Para que no ocurra tan trágico destino, generalmente, pasaba largas jornadas de persecución hasta que cazaba a su presa, y cuando se encontraba extenuado para poder continuar, se incentivaba, se «daba», con un golpe de endorfinas que le hacía sentir placer en el dolor de haber corrido horas, obviamente no era consciente de ello.  

Las endorfinas nos aportan el impulso necesario para seguir adelante cuando estamos agobiados. Nuestra capacidad de trabajar y perseverar en el esfuerzo se debe a las endorfinas y nuestro talento para concentrarnos en la tarea hasta alcanzar las metas y objetivos propuestos, al poder motivador de la dopamina. Aquí debemos marcar una diferencia entre la querida dopamina y la serotonina que veremos párrafos más adelante. La dopamina nos proporciona placer, pero es adictiva, es de corto plazo (una comida), visceral, (se siente en el cuerpo), incita a tomar (Tomar como asir, dinero por ejemplo) generalmente la dopamina se experimenta solo (un helado, una copa de vino) hace que nuestro cerebro «diga» ¡quiero más!, y muchas veces el quiero más desencadena en una adicción. Por lo tanto la dopamina está bien en un determinado contexto y situación. Mucha dopamina puede terminar mal. 

Las Vías dopaminérgicas las podemos ubicar en nuestro cerebro: Comienza en el área tegmental ventral y finaliza en el Núcleo Accumbens; son por donde circula nuestro sistema de recompensas. 

Sistema de recompensa:

  • Formado por un conjunto de estructuras en el cerebro, responsables de generar la sensación subjetiva de placer y la obtención de la recompensa.
  • Tiene el objetivo de conseguir que el individuo quiera repetir una serie de comportamientos para asegurar la supervivencia.

El ser humano, desde sus orígenes, es un individuo pero también es miembro de un grupo, es decir, un ser social que convive con la tribu. Las decisiones que toma no solo le afectan a si mismo sino también a otros en colaboración con ellos para sobrevivir, nuestro hombre de Neandertal habrá pensado en Baglietto «Sólo se trata de vivir, esa es la historia (..) con la idiotez y la locura de todos los días, a lo mejor resulta bien «. A nuestra especie le resultó bien, por ahora claro está.

En definitiva lo que nos hace esencialmente diferentes como especie es nuestra capacidad para colaborar y trabajar en equipo (entre otras cuestiones), lo que nos ha permitido progresar y adaptarnos a cualquier entorno. No somos suficientemente fuertes como para sobrevivir solos y mucho menos para evolucionar, así es que otro aporte químico para aplicar y desarrollar capacidades sociales imprescindibles para nuestra supervivencia: la serotonina y la oxitocina, sin efecto tan inmediato como las dos anteriores (endorfinas y dopamina) pero sus beneficios duran más tiempo.

Somos seres sociales en consecuencia no solo queremos sino que necesitamos la aprobación y el reconocimiento de los demás. Muy consiente de ello los amigos de Facebook instalaron el botón de «Like» «me gusta» altamente necesario para alimentar nuestras ansias de aprobación. La cantidad de «Me gusta» puede servir como medida de popularidad de una persona. (Podríamos decir que el «me gusta» es el origen de los «influencers», una especie de alienígenas que no analizaremos en este momento). 

Un buen ejemplo de la necesidad de aprobación es el primer episodio de la tercera temporada de Black Mirror, recomendable. El episodio se llama «Caída en picada» o «Nosedive» y muestra un mundo distópico donde el acceso a ciertos bienes o servicios viene dado por el puntaje obtenido a través de una aplicación. Se muestra un uso radicalizado del «Me gusta» como juicio hacia las acciones de los otros. Interesante.

Necesitamos sentir que, sobre todo los miembros de nuestro propio equipo, nos valoran a nosotros y al esfuerzo que hacemos en beneficio del grupo. Cuando nos ponemos al servicio de los demás, la serotonina nos hace sentir muy bien, valorados y nos anima a seguir haciéndolo. Por otra parte, también funciona en sentido inverso, y los beneficiados por nuestra entrega tienen su propia inyección de serotonina y los lleva a esforzarse para que nos sintamos orgullosos de ellos. La serotonina nos motiva a asegurarnos de que cuidemos de quienes nos siguen y ayudemos a quienes nos guían. 

Vimos como la dopamina nos generaba placer pero con el peligro de la adicción, la serotonina nos genera felicidad. La serotonina no es adictiva, es a largo plazo, es etérea (se siente arriba del cuello), incita a dar (generosidad, altruismo), generalmente se comparte (pasar el tiempo con amigos, familia), hace que el cerebro «diga» me siento bien es suficiente, poca serotonina puede desencadenar en depresión.

Las vías Serotoninérgicas regulan: el sueño, actividad sexual, apetito, ritmos circadianos, funciones neuroendocrinas, temperatura corporal, dolor, actividad motora y funciones cognitivas. 

Las Neuronas en espejo que son un tipo especial de neuronas que se activan cuando un individuo realiza una acción y también cuando observa una acción similar llevada a cabo por otro individuo.

  • “neuronas de la empatía” por ser las implicadas en la comprensión de las emociones de los otros.
  • Relacionadas con los comportamientos empáticos, sociales e imitativos. Lenguaje y aprendizaje.

El principal rol de las neuronas espejo, involucradas intrínsecamente en el constructo conocido como “teoría de la mente”, es la modulación de la interacción social mediante el entendimiento y la predicción de las acciones, emociones, motivaciones, creencias e intenciones de un otro.

La serotonina como un neurotransmisor de la satisfacción de aprendizaje: Cuando los cerebros están en tareas de cooperación se activan regiones de recompensa y se libera Serotonina, hormona encargada de generar el placer por el aprendizaje.

Lo cierto es que, si para liderar hay que servir, dedicar tiempo y energía en beneficio de los demás resulta ser un pre-requisito indispensable para el liderazgo, y es la serotonina la que nos impulsa a hacerlo.

Por último, la oxitocina, la sustancia química favorita de la mayoría, también conocida como la «hormona del amor», nos proporciona la sensación de amistad, lealtad y confianza profunda aunque, como las demás, no existe para hacernos sentir bien, sino para ayudarnos a sobrevivir. 

Sin ella no podríamos forjar vínculos sólidos de confianza, no tendríamos nadie en quien confiar, ni amigos, ni vínculos. La oxitocina es la hormona que nos hace seres sociales y nos permite cooperar, colaborar y a trabajar en equipo. Nos ayuda a progresar, a evolucionar como especie, en definitiva nos hace mejores personas, pues a medida que aprendemos a confiar siendo a la vez dignos de confianza, más fluye y más fuertes son nuestras conexiones, vínculos y relaciones. 

Cuando en un equipo, el líder no es capaz de generar espacios en los que las personas se sientan a salvo, confiadas y protegidas, espacios en los que se liberen serotonina y oxitocina, entonces cuando nadie lo esperaba aparece el malo de la película (siempre hay un malo) la Cruella de Vil que en este caso se llama cortisol. A los pilotos nos afecta, como vimos en la nota anterior, es la responsable del estrés.

Todo lo contrario para crear relaciones de confianza y trabajar en equipo. Si bien el cortisol es una hormona imprescindible para nuestra supervivencia que nos pone alerta y en tensión para evitar peligros inminentes, el trabajo o actividad que desarrollemos no deberían ser espacios en los que nuestras vidas se sientan amenazadas. De hecho, no lo son, pero nuestro cerebro, primitivamente programado buscando la supervivencia, no es capaz de percibir la diferencia y reacciona como si lo fueran, con el consiguiente impacto y desgaste en nuestros cuerpos (ansiedad, angustia, depresión, estrés.). Mientras que la oxitocina refuerza nuestro sistema inmunológico, el cortisol, mantenido demasiado tiempo en nuestro cuerpo, lo pone en grave peligro.

Podríamos decir que el liderazgo es una cuestión de bioquímica y que los mejores líderes son aquellos con con talento de mixólogo, capaces de preparar un selecto coctel de EDSO para todos los miembros de sus equipos, compuesto por las cantidades justas y equilibradas de las cuatro hormonas. Estos líderes además de ser trabajadores con ambiciosos objetivos y metas claras que persiguen sin descanso (a full endorfinas y dopamina), también se preocupan de proteger y cuidar a las personas y las relaciones, poniéndose a su servicio para co-crear juntos lugares de trabajo más humanos con las que sus integrantes se puedan identificar, se quieran comprometer y a las que se sienten orgullosos de pertenecer (serotonina y oxitocina).

La motivación de cada persona viene determinada por los incentivos químicos que todos llevamos dentro y que responden a nuestro deseo de repetir las conductas que nos hacen sentir bien (dopamina) y evitar las que nos causan dolor (cortisol). El líder es un artista creando contextos, espacios y relaciones en los que se liberen en cada momento las sustancias químicas adecuadas que encajen con la naturaleza propia del ser humano, creando así un equipo de personas capaces de motivarse a sí mismas.

Poco antes de las elecciones de 1992 en Estados Unidos, Bush era considerado imbatible por la mayoría de los analistas políticos, fundamentalmente debido a sus éxitos en política exterior. Su popularidad entonces había llegado al 90 % de aceptación, un récord histórico.​ En esas circunstancias, James Carville, estratega de la campaña electoral de Bill Clinton (que terminó ganando las elecciones convirtiéndose en el  42.º presidente), señaló que Bill debía enfocarse sobre cuestiones más relacionadas con la vida cotidiana de los ciudadanos y sus necesidades más inmediatas. Con el fin de mantener la campaña enfocada en un mensaje, Carville pegó un cartel en las oficinas centrales: «La economía, estúpido»; emulando a Carville podríamos concluir que para un buen liderazgo te deberías enfocar en algo clave «Es la bioquímica estúpido».

Paz y bien
Námaste
Roberto J. Gómez
roberto@flap152.com