Prevenir CFIT: Estrategias antes, durante y después del vuelo
[responsivevoice_button voice=»Spanish Latin American Male» buttontext=»Reproducir»] ¿Por qué un piloto realizando un vuelo bajo reglas VFR, con control de la aeronave, funcionando adecuadamente, accidentalmente vuela hacia el terreno? ¿O la ladera de una montaña, o hacia el agua, o hacia un obstáculo? Estas colisiones involuntarias, definidas como vuelo controlado hacia el terreno (CFIT – Controlled Flight into Terrain), se convierte en uno de los tres principales factores causales de accidentes de aviación general durante las últimas dos décadas (Federal Aviation Administration) El vuelo controlado al terreno (CFIT) ocurre cuando una aeronave en condiciones de volar bajo el control completo del piloto, inadvertidamente vuela hacia el terreno, el agua o un obstáculo. Los pilotos generalmente no se dan cuenta del peligro hasta que es demasiado tarde. Podríamos pensar que los accidentes CFIT involucran a pilotos sin experiencia, que vuelan inadvertidamente en condiciones meteorológicas instrumentales (IMC); los datos dicen que más del 75 por ciento de los accidentes CFIT ocurren a la luz del día, y más de la mitad tienen lugar en condiciones visuales, con pilotos calificados. Planificar, preparar, prevalecer La clave para combatir los accidentes CFIT comienza en tierra en la planificación previa al vuelo, es el primer paso. Ser proactivo. Saber a dónde vas, tus capacidades y recursos antes del despegue. Una buena conciencia situacional comienza con una evaluación de riesgos previa al vuelo: Meteorología: Contar con información precisa, solicitar ayuda si no sabes interpretarla adecuadamente. Verificar las condiciones en toda la ruta planeada y verificar los pronósticos, cómo puede evolucionar una condición meteorológica teniendo en cuenta el horario de llegada a destino. Conocer bien la ruta planeada: Familiarícese con tu ruta antes del despegue. Revisar los NOTAM. Con un mapa mental planificado previamente, pasarás menos tiempo con la cabeza hacia abajo y más tiempo mirando hacia afuera para ver y evitar otras aeronaves, observar el terreno y los obstáculos. Identificar una alternativa previamente o puntos de aterrizaje adecuados cerca o a lo largo de tu ruta. Conocer antes del vuelo las altitudes mínimas seguras, los obstáculos y las elevaciones. Date un poco de espacio para respirar, esto significa al menos una milla del espacio y 2,000 pies verticalmente de la elevación que estás tratando de evitar. Si vas a volar a una zona que nunca fuiste, una ayuda puede ser Google Earth, para mirar y tener una idea del tipo de terreno y obstáculos podés encontrar a lo largo de la ruta. Esperar lo inesperado: Hay que tener presente que ningún vuelo es rutinario. Hay que esperar lo inesperado (siempre). No se pueden prever todas las situaciones, pero si se puede tomar algunas medidas para saber de antemano con qué eres capaz de lidiar si te encuentras en una situación adversa: viento, turbulencia y las condiciones operativas que involucran temas como altitud de alta densidad, orografía o pistas cortas en el despegue o en el aeródromo de destino. Si te sentís cómodo volando con un viento cruzado de 10 nudos, no te largues a volar de una con un viento de 20 nudos solo para satisfacer el ego o a los pasajeros que llevas a volar. Recordá que el acrónimo PIC (pilot-in-command) significa piloto al mando, NO significa pasajero al mando. Tener un plan B y tal vez incluso un C para evitar la ansiedad es muy positivo. No todas las mezclas son buenas, por ejemplo VFR e IMC. Iniciar el vuelo en VMC y terminar en IMC es una amenaza continua para la seguridad y es el precursor de accidentes CFIT con resultados catastróficos, fatales en la mayoría de los casos. Nunca continúes un vuelo VFR con una visibilidad que cada vez se deteriora más, especialmente si no tenés la habilitación de vuelo por instrumentos. Las buenas condiciones meteorológicas al despegue no significan que será igual en el aeródromo de destino y en determinadas ocasiones en el mismo aeropuerto de salida para un vuelo local. La madre naturaleza nunca deja de sorprendernos. El clima es dinámico. La visibilidad puede caer de ilimitada a cero muy rápidamente, en determinadas zonas y épocas del año. Prioridades Otro consejo para evitar CFIT es recordar siempre las prioridades: Volar, Navegar y Comunicar. Tu primera tarea es volar el avión, seguido de navegar para evitar impactar contra el suelo. Comunicar solo cuando tengas las dos primeras tareas bajo control. La gestión eficaz de riesgos es esencial para realizar operaciones seguras, quizás deberíamos agregar a volar, navegar y comunicar, “mitigar”. Para mitigar el riesgo, tenemos que saber, o al fin anticipar, cuáles son esos riesgos. No poner toda la confianza en la automatización: Pueden surgir problemas si no comprendes la tecnología o si intentas utilizarla más allá para lo que está diseñada. Es muy importante conocer exhaustivamente cómo funciona, saber interpretar la información que brindan y comprender cómo detectar fallas en el equipo que tenemos en el avión. Poco o mucho equipamiento pero conocer muy bien su funcionamiento. Cada vez son más habituales las pantallas en la cabina, como diría Tusam “Puede fallar” (Este último comentario solo válido en argentina y para mayores de 45 años) Frase motivadora: Confiar pero verificar Mantener habilidades “afiladas”, estar entrenado, salir con un instructor que vea como estás con tus habilidades de vuelo. Ser realista sobre el rendimiento de la aeronave: Hay que saber cómo el rendimiento de la aeronave se ve afectado por la temperatura (en verano, en argentina, por ejemplo), tener en muy en cuenta la altitud de densidad que combinada con una pista corta y con un obstáculo a pasar en una aeronave con o casi peso máximo de despegue, ha provocado colisiones con obstáculos en el despegue. Los vientos de cola en la aproximación o el despegue también pueden contribuir a los accidentes CFIT. Ojo los cables: Estar atento a las líneas eléctricas y las estructuras de soporte durante la aproximación y el aterrizaje, muchas líneas eléctricas no están marcadas ni iluminadas. Recordemos el accidente de un helicóptero volando bajo en la Provincia de Salta: informe preliminar de la Junta de Seguridad en
El arte de tomar (buenas) decisiones
Decisiones … Nos enfrentamos con opciones todos los días: qué comer, qué ropa usar, qué camino tomaremos para ir a trabajar. Es poco probable que algunas de las decisiones que tomemos terminen mal. En un entorno crítico para la seguridad, si la decisión que tomamos es incorrecta, la acción posterior puede tener un final fatal. Volar es una actividad dinámica, que a veces requiere decisiones rápidas para garantizar que el vuelo sea seguro y exitoso (bajar del avión caminando e ilesos). Los pilotos deben estar atentos y preparados para tomar las medidas adecuadas para contrarrestar los peligros y las situaciones inesperadas que surjan durante el vuelo. Es simplista pensar que las buenas decisiones son aquellas que producen buenos resultados y que las malas decisiones solo producen resultados negativos. Hay una gran diferencia entre decidir qué hacer en un entorno controlado, de bajo riesgo y no amenazante y tomar decisiones en un entorno operativo donde hay poco margen de error y el tiempo es limitado. La mayoría de las veces, los pilotos bien entrenados, evitarán errores en la toma de decisiones. Sin embargo, circunstancias inesperadas requerirán decisiones no rutinarias. Circunstancias como limitaciones de tiempo, plazos ajustados y niveles de fatiga también afectan este proceso. ¿Cómo tomamos esas decisiones, y cómo podemos hacer para mejorarlo? El modelo tradicional de toma de decisiones lo ve como un proceso racional, comenzando con la evaluación de la situación que se desarrolla y a partir de ella se consideran las opciones. Cada opción se evalúa idealmente, se compara con otras opciones y se da prioridad a partir de los criterios de evaluación. Al final, se propone una solución que promete ser la mejor elección posible. Pero esto toma horas, o incluso días, de deliberación. Generalmente, en las situaciones inesperadas no se cuenta con la posibilidad de dedicarle mucho tiempo a la toma de decisiones, ni darse el lujo de realizar un proceso de este tipo. Lo único que realmente define la toma de decisiones es el tiempo, porque si a una persona se le da suficiente tiempo, generalmente tomará una buena decisión. Por lo tanto, lo fundamental para una buena toma de decisiones es una buena gestión del tiempo y la capacidad de priorizar adecuadamente. Es importante comprender que hay algunas preguntas sobre la situación que se deben responder correctamente la primera vez. Mientras más tiempo puedas “comprar” y “crear” para conseguir un poco de espacio extra para quitar algo de la presión, se mejorará significativamente la capacidad de tomar buenas decisiones, esto viene con la experiencia. Es un aprendizaje experimental. Para el caso de un piloto, la mayoría de las decisiones en vuelo son de rutina; la desaceleración de la velocidad de crucero, descenso, bajar flaps, por nombrar solo tres. Se hacen frecuentemente y dentro de un contexto predecible, por lo que se vuelven habituales. Sin embargo, cuando se presenta una emergencia o una situación no esperada, ¿qué es mejor: tomar esta decisión naturalmente o realizar un proceso más formal? O ¿es una combinación de ambos el ideal? En una situación dada, la persona que va a tomar una decisión notará pistas e indicadores que le permitan reconocer patrones. Basada en esos patrones y en la decisión que tiene que tomar, la persona elige un único curso de acción, una “secuencia de acción”, con la que considera que logrará el resultado. En pocas palabras, la toma de decisiones es el acto de elegir entre alternativas en condiciones de incertidumbre. Consideramos las circunstancias y llegamos a un juicio, o elegimos una opción o tomar una acción determinada dependiendo de la situación. Dicen por ahí, que las buenas decisiones se toman en función de varias cosas. En primer lugar, buen procesamiento de la información. No podemos tomar una buena decisión sin tener buena información para fundamentar esa decisión. Lo segundo es construir esa imagen de la situación de manera precisa. Requiere un marco a seguir. Una forma de analizar podría ser: qué información estamos viendo, qué vemos a continuación y qué esperamos ver. A medida que esas decisiones se vuelven más complejas, debemos asegurarnos de articular bien lo que estamos haciendo. Debido a que los entornos son dinámicos, el tomador de decisiones debe revaluar continuamente la situación para evaluar los modelos apropiados y desarrollar una hipótesis de la situación. Una vez que el piloto entiende una situación, un curso de acción aceptable es, a menudo, fácilmente identificado por él. Por lo tanto, la evaluación de la situación y la conciencia es un proceso crucial, que consume mucho tiempo para las estrategias de decisión intuitiva. La evaluación de la situación es también un requisito previo para una buena toma de decisiones, que se correlaciona positivamente con la precisión de la decisión. Una buena acción para mejorar el proceso de toma de decisiones es incluir capacitación basada en escenarios de modo que, al menos, si no se tiene la experiencia, ya se ha visto en instrucción y eso, de inmediato, libera algunas neuronas para aplicarlas a la toma de decisiones. Cualquier programa de entrenamiento que tomemos en este terreno nos ayudará en el futuro ante una situación compleja. Eso libera capacidad en el momento que más necesitamos, cuando se presentan situaciones nuevas para poder tomar, con suerte, decisiones claras. Por lo tanto, todo lo que se pueda hacer para liberar la capacidad cognitiva es una condición previa para una buena toma de decisiones. Recordemos un dato importante: La primera reacción estará dada por el complejo Instintivo / Emocional (I/E), 125 mili-segundos El sistema Lóbulos Prefrontales (LPF´s) lo hace a los 500 mili-segundos. Por lo tanto la primera reacción ante la incertidumbre, lo desconocido, sera instintiva (I/E). Necesitamos tomar las decisiones con el sistema LPF´s por lo que necesitamos entrenamiento adecuado para evitar la primera reacción. Paz y bien Roberto Gómez Si te gustó esta publicación y queres ser parte, podés colaborar con el mantenimiento de la página:
El nivel de riesgo percibido
Siguiendo con la serie sobre riesgo, ahora vamos a ver cómo percibimos el nivel de riesgo dependiendo de algunos factores. Si vamos conduciendo un automóvil por la ruta, experimentamos o anticipamos en cualquier momento de la trayectoria peligros. Por ejemplo, cruzamos por una zona urbana y la comparamos con nuestro nivel de riesgo deseado, por lo que nos llevará a disminuir la velocidad. En esta situación, el riesgo subjetivo de sufrir un accidente no debe ser visto como el resultado de la multiplicación explícita de probabilidad y severidad estimadas por el conductor, sino como una noción más global que representa el grado de riesgo sentido por el individuo. Es decir, percepción subjetiva. Más aún, el monitoreo del riesgo durante la trayectoria, en la ruta o en el vuelo no necesita estar enfocado en la alerta consciente del conductor o piloto. Igual lo que sucede cuando pasa desapercibida nuestra temperatura corporal, el nivel de hambre o sed, el ritmo cardíaco, el nivel de excitación psicofisiológico, o las condiciones de luz ambiental al leer y así sucesivamente. No obstante, se vuelven conscientes estas condiciones si alguien nos pregunta por ellas o cuando se dan cambios repentinos o muy marcados. Por ejemplo, taquicardia repentina o un aumento de la temperatura corporal: fiebre. La mayor parte del tiempo cuando conducimos un vehículo tenemos una percepción preatentiva del riesgo, cercana a la consciencia. Más comúnmente, el riesgo está solamente en las cámaras lejanas de nuestras mentes. El nivel de riesgo de accidentes que es percibido por el individuo en cualquier momento, se deriva de tres fuentes: las experiencias pasadas vividas por la persona, el cálculo del potencial de accidente de la situación inmediata, y el grado de confianza que la persona tenga en cuanto a poseer las habilidades necesarias de toma de decisiones y control de la aeronave para enfrentarse a la situación.En el vuelo ocurre lo mismo: las experiencias pasadas, el cálculo sobre el potencial de sufrir un accidente de la situación inmediata y el grado de confianza que el piloto tenga en cuanto a tener las habilidades necesarias para una toma de decisiones adecuada y obviamente tener el control de la aeronave. Las experiencias pasadas abarcan una gran variedad de eventos anteriores: las ocurrencias disparadores del miedo, conflictos, “casi accidentes”, “escapadas milagrosas”, el presenciar los accidentes sufridos por otros, conversaciones con compañeros acerca de accidentes, la exposición a reportes de accidentes y estadísticas. Dichas experiencias nos dejan una impresión general del grado de peligrosidad de una determinada situación. De ahí la importancia de las «lecciones aprendidas» aprovechar la experiencia de otros.La situación inmediata incluye las características físicas del ambiente. Por ejemplo, en un aeródromo, meteorología, diseño, signos y señalamientos, en vuelo la propia velocidad, las rutas aéreas, los sistemas de navegación, etc. y otros vuelos en nuestra zona. Las personas leen las implicaciones del riesgo de estas características. Finalmente, el nivel de riesgo percibido será relativamente bajo si la persona confía en tener las habilidades necesarias para enfrentarlo, y será más alto en el caso de personas que dudan de sus habilidades. Continuamente monitorean la cantidad de riesgo percibido, la comparan con su nivel deseado, e intentan reducir cualquier diferencia, ya sea positiva o negativa, entre ambas. La gestión del riesgo considera el accidente como una probabilidad siempre presente que debe ser tratada de manera adecuada. Más precisamente, intentan reducir la discrepancia hasta un nivel que esté por debajo de la “diferencia apenas notable” o JND (por sus siglas en inglés). Sería de esperar normalmente que estas comparaciones sean hechas en un nivel de consciencia intuitivo y moderadamente voluntario y que sean seguidas de una amplia gama de decisiones posibles. Siempre que la diferencia entre los niveles de riesgo percibidos y deseados esté por debajo de la JND, la persona no alterará su conducta. Pero cuando excede la JND, el individuo tomará acciones correctivas. Esta es la “regla de decisión equilibrada” que prevalece en situaciones de niveles de riesgo aceptado y percibido permanentemente cambiantes. Algunas de estas acciones correctivas tienen solamente efectos inmediatos, mientras que los efectos de otras acciones son de una naturaleza de largo plazo. Las decisiones que tienen efectos de corto plazo sobre la seguridad pueden incluir cambiar la ruta, la velocidad, ir a la alternativa, etc. Aumentar o disminuir el esfuerzo mental aplicado a la tarea de pilotar; concentrarse en detalles específicos o en la vigilancia general. Las culturas de gestión del riesgo se construyen mediante la valoración de los contextos de riesgo, la creación de reglas de funcionamiento para prevenir su ocurrencia y el desarrollo de rutinas que lleven a la práctica a diario los componentes anteriores. Cuando han sido creadas, generan respuestas colectivas e individuales adecuadas frente a los riesgos, pues las medidas de protección nunca son suficientes mientras no están acompañadas por actitudes, comportamientos y rutinas que les otorguen sentido práctico. Paz y bien Hasta la próxima Roberto Gómez Bibliografía Strauman, T.J., Lemieux, A.M. and Coe, C.L. (1993) Self-discrepancy and natural killer cell activity: Immunological consequences of negative self-evaluation. Journal of Personality and Social Psychology, 64, 1042-1052. Gerald J.S. Wilde / Target Risk, ¿Riesgo deseado? El comportamiento humano ante el peligro. Si te gustó esta publicación y queres ser parte, podés colaborar con el mantenimiento de la página: